Shanghai express

April 5, 2007

¿Tendríamos que estar agradecidos a la roña?

Filed under: Historia

El principal tópico de la historia económica es la denominada Revolución Industrial, verdadero punto y aparte en el progreso cuanto menos económico de la Humanidad. Desafortunadamente, todavía no se ha conseguido un consenso entre los historiadores sobre la génesis de este fenómeno y, más en particular, sobre por qué se origina en Inglaterra y no, por ejemplo, en China. De todas formas parece ir ganando terreno la teoría que se fija en las condiciones prexistentes al momento del “Gran Despegue” y, en particualar, en los diferentes niveles de vida existentes en Europa y Asia cuando se produce aquél para dar una respuesta a las preguntas de ¿por qué en Inglaterra? y ¿por qué en Europa?

Parece existir acuerdo en que, a finales del siglo XVIII, el nivel de vida de los europeos y, en especial el de los británicos, era, de promedio, superior al de los chinos y japoneses. Este hecho explicaría por qué, cuando se producen los grandes avances tecnológicos en el sector textil, a principios del siglo XIX, esa ganancia de productividad tuvo efectos multiplicadores en la economía inglesa, primero, y en la europea, después. No sólo se podían producir más telas a un precio razonable, sino que también existían muchas más personas con capacidad para adquirirlas. Ahí radicaría la gran diferencia con los avances tecnológicos (muchos de ellos originados en China) que se habían producido con anterioridad. Mientras que la invención de la imprenta, por poner un ejemplo, produjo aumentos de productividad en la producción de libros semejantes e incluso superiores a los que experimentó el sector textil en el XIX, los efectos de ese enorme avance tecnológico quedaron muy reducidos por el hecho de que, cuando tiene lugar, eran muy pocas las personas que podían hacer uso de un libro. En cambio, como ya hemos señalado, cuando se introduce el telar mecánico y consecuentemente un aumento exponencial de los textiles, había, en Inglaterra, una masa crítica de personas que podía y quería adquirirlos (uno puede pasar perfectamente toda su vida sin leer una línea pero difícilmente puede soportar un invierno vistiendo harapos), de ahí que ese shock tecnológico, a diferencia de lo que había ocurrido con otros anteriormente, acabara luego extendiéndose, muy lentamente por cierto, a toda la economía.

Pero, ¿qué explicaría el hecho de que a principios del siglo XIX el nivel de vida de los ingleses fuera superior al de los chinos?¿Era por su tecnología o acaso por sus instituciones? El historiador Gregory Clark descarta esos dos factores. Para este autor, la clave hay que buscarla en la demografía. En una sociedad preindustrial, el ingreso per capita viene determinado por el nivel de la población, ya que los avances tecnológicos no se traducen en un aumento de la riqueza (desde el principio de la historia hasta prácticamente 1800 el nivel de vida de los humanos, aunque fluctuante, nunca mostró ninguna tendencia general al alza) sino en un aumento de la población. Luego, a menos población, ceteris paribus, mayor riqueza per capita.

Pero, llegados a este punto, es necesario despejar otra incógnita: ¿qué es lo que mantuvo a la población británica y europea en general por debajo de la asiática? Para Hans-Joachim Voth y Nico Voigtländer (dos jóvenes investigadores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona) la explicación habría que buscarla en el hecho de que en el noroeste de Europa y, sobre todo, en Inglaterra la fertilidad se mantenía bien por debajo de las posibilidades biológicas gracias a la costumbre de retrasar el matrimonio. Las mujeres en Europa, en la época preindustrial, se casaban, de media, entre los 24-26 años e incluso existía un porcentaje bastante considerable de ellas (entre el 10 y el 25 %) que no se casaba nunca. Estos dos factores unidos al hecho de que el índice de ilegitimidad era muy bajo explican el porqué de una natalidad por debajo de las posibilidades biológicas: una parte muy importante de las mujeres en edad fértil se abstenían de mantener relaciones sexuales.

En cambio, en el Este de Asia, la práctica era la contraria: las mujeres se casaban muy pronto (en la China de 1800 la media estaba fijada en los 19 años) y muy pocas permanecían solteras. Ahora bien, según Gregory Clark también en el Este de Asia, en términos absolutos, el índice de natalidad permaneció por debajo de las posibilidades biológicas y en niveles muy parecidos a los europeos: primero, porque menos hombres se casaban debido a que, debido a la práctica del infanticidio de las mujeres, había un excedente de hombres en edad marital y, segundo, porque los índices de natalidad dentro del matrimonio eran inferiores a los eurpeos. Es decir, en Asia los hombre y las mujeres se casaban antes y se casaban en mayor número, pero dentro del matrimonio tenían menos hijos que los europeos sin que conozcamos muy bien el motivo de todo ello.

Entonces, si los niveles de natalidad en China y Japón eran como mucho un poco más altos que los europeos: ¿por qué Inglaterra y el noroeste de Europa estaban menos poblados y así su población podía disfrutar de un mayor nivel de vida? La respuesta hay que buscarla, por lo menos en parte, en un mayor índice de mortalidad

Inglaterra y Holanda, los dos países más ricos de la Europa inmediatamente anterior a la Revolución Industrial, tenían tasas realmente altas de mortalidad debido, entre otras cosas, a los pésimos hábitos higiénicos de sus habitantes, sobre todo si los comparamos con los del Este de Asia. Como nos recuerda Gregory Clark:

Another factor favoring high living standards for Europeans
compared to Asians appears to be that Europeans throughout the
pre-industrial era were by modern standards, and those of preindustrial
China and Japan, a filthy people, living in dirt and
squalor. The low standards of personal and community hygiene
are everywhere apparent in pre-industrial Europe. Indeed the
travel diaries of European visitors to Japan in the years 1543-1811
frequently stressed the extreme cleanliness of the country by
contemporary European standards.

One crucial economic problem for hygiene in pre-industrial
Europe was that human waste had little or no market value,
because it was not socially acceptable to use it as the valuable
fertilizer it was for farm and garden purposes. As Alan
Macfarlane notes, “where in Japan, night soil could be used in lieu
of rent, in England one had to pay to have it taken away.” Its
disposal was thus a major social problem in Europe. Samuel
Pepys, for example, complains in his diary in October 1660 that
Going down to my cellar…I put my feet into a great heap of turds,
by which I find that Mr. Turner’s house of office is full and comes
into my cellar.
Neighbors’ overflowing turds were apparently just an
everyday nuisance in seventeenth century London!
In contrast in China and Japan human waste, urine as well as
feces, was a valuable property which householders sold to farmers,
and which various groups competed for the right to collect.
Waste in Japan and China was thus not dumped into cesspits,
sewers and streams, contaminating water supplies. Instead in
cities such as Osaka in the eighteenth century contractors found it
profitable even to provide public containers on street corners in
order to profit from the waste deposits. In Japan and China
the waste also seems to have been carried away daily, as opposed
to being stored in cesspits below houses which were only periodically
emptied.

Human waste has dangers as a fertilizer, but the Japanese at
least, aware of this, stored the waste in pits and tubs for months
before use, allowing fermentation which destroyed many of the
infectious organisms.

The Japanese and Chinese also had a much more developed
sense of personal hygiene. Bathing was not popular in England,
and indeed regarded as an indulgence in the early modern period.
Even as late as 1800 Jane Austin’s novels contain not a single
reference to bathing. But in Japan bathing in hot water was
popular and frequent. The Chinese also bathed whenever possible,
and employed plenty of soap. The Japanese washed their
hands after urinating or defecating, and kept privies clean.

Further in Japan the living spaces were kept much cleaner.
Houses had raised wooden floors, and outside shoes were taken
off at the entrance. They watered the streets outside their houses
to keep dust down. In contrast in England the majority of people,
until quite close to 1800, lived in dwellings with beaten earth
floors covered by rushes that were only infrequently renewed.
Into these rushes went deposits of waste food, urine and spit.
Indeed the effluvium deposited on floors from the ordinary
business of the household was so rich that allegedly when saltpeter
men were empowered in the late sixteenth and early seventeenth
centuries to dig out earth floors as rich sources of saltpeter
(potassium nitrate), they dug not just barn floors but also the
floors of houses. The English also lived with a much more
extensive domestic menagerie of dogs and cats which made their
contributions of fecal material to dwelling spaces and streets.
Thus the comparative wealth of the English, expressed also in
their greater physical stature, when we compare them to the
Chinese or Japanese in 1800 probably stemmed mostly from the
comparative filth that they lived in. For in the Malthusian economy
the traditional virtues of cleanliness and hard work gave no
reward to a society at large, and indeed just made life harder and
incomes lower.

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Definitivamente, los caminos del Señor son inexcrutables.

5 Comments »

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  1. Muy buen artículo. Gran análisis de un tema que es fundamental.

    En cuanto a por qué no se produjo la Revolución Industrial en China, hay una teoría que dice que uno de los principales problemas fue la superpoblación china. Al disponer de una mano de obra tan abundante, los chinos no necesitaban desarrollar sus máquinas. No había un interés por innovar ni por abaratar costes ni por producir más, puesto que la mano de obra china era muy barata y casi ilimitada. Además, una revolución tecnológica-industrial podría haber provocado una fractura social en China, puesto que muchísimos millones de personas podrían haberse quedado sin trabajo.

    En fin, es una teoría… Pero como tú demuestras en tu artículo, el tema es complejo… y apasionante.

    Comment by Dani — April 6, 2007 @ 6:27 pm

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