Shanghai express

March 11, 2007

Aubrey de Grey y China.

Filed under: Sociedad

No sé si lo habré dicho antes, pero siento una especial predilección por las personalidades excéntricas, sobre todo si habitan en las islas británicas.

Uno de esos ingleses excéntricos que mercen todos mis respetos por lo que su pensamiento tiene de provocador es Aubrey Grey.

Grey es un genetista con un Ph D. por la Universidad de Cambridge (no es pues ningún gurú New Age chiflado) que ha hecho de su vida una lucha contra el envejecimiento, aunque, curiosamente, se empeña en que su aspecto exterior refleje muchos más años de los que tiene como podreis comprobar por esta fotografía .

Foto de Kevin Perrott

El doctor Grey es el alma de un proyecto de investigación científica que se conoce como Estrategias de Bioingeniería contra el Envejecimiento Innecesario (SENS, son sus siglas en inglés) y cree posible revertir el proceso de envejecimiento humano a través de una estrategia que consiste en ir reparando los daños celulares y genéticos que el mismo produce. Por poner una analogía que el propio Aubrey utiliza frecuentemente, su estrategia es la misma que la de aquellos coleccionistas de coches que consiguen que sus antiguos modelos continúen funcionando del mismo modo que lo hacían cuando se fabricaron sustituyendo las piezas que se van deteriorando con el uso. El biogeriatra sería entonces ese mecánico que iría reparando todo el daño que el normal funcionamiento del metabolismo humano produce en nuestras células, hasta conseguir, no la inmortalidad, pero sí un funcionamiento interno prácticamente indefinido en el tiempo.

Grey considera, no sé si fundadamente, que, con fondos adecuados, en un plazo de 70 años, 115 a lo sumo, estaríamos en condiciones de haber alargado la esperanza de vida de los seres humanos a 1000 años.

Como no tengo ni idea de genética, ignoro si la estrategia propuesta por el doctor Grey es o no factible. Lo que es indudable es que su lucha es digna del mayor encomio. Como él mismo se encarga de demostrar en su página web, ni el envejecimiento es algo a lo que tengamos que resignarnos ni existen argumentos filosóficos ni políticos de suficiente peso para no combatirlo con todas nuestras fuerzas.

El mismo Grey se encarga de refutar el argumento de que, existiendo en la actualidad personas que se mueren de hambre apenas recién nacidas, nuestra prioridad debería centrarse en impedir que ese hecho suceda antes que en conseguir terapias para alargar la vida de los que ya la han venido disfrutando durante un largo tiempo. Para Grey este argumento equivale a decir que los ancianos no merecen asistencia médica porque ya han vivido lo suficiente.

Decir que no deberíamos curar el envejecimiento es un prejuicio contra los viejos, como si los ancianos no fueran dignos de atención médica. La gente de edad también es gente.

No sólo son indudablemente personas sino que además cada vez van a ser más y no sólo en el mundo desarrollado sino también en muchos de los países en desarrollo (Rusia y los países subsaharianos serán la tristísima excepción)

Aunque las estadísticas chinas siempre ofrecen un amplio margen de incertidumbre, lo que parece claro es que la población china está envejeciendo muy, muy rápidamente. Se estima que para los años 2020-2025 la población de China será más vieja que la de Estados Unidos. Todavía más, según proyecciones de la ONU, para el año 2040, China contará con más de cien millones de personas mayores de ochenta años.

La única forma de que disponemos para conseguir que esas personas vivan, vivamos, mejor es que Aubrey Grey y su equipo tenga éxito en su iniciativa de alargar la esperanza de vida, ya que, hasta ahora, todo aumento de la calidad de vida ha pasado por alargarla.

Una de las cosas por las que a menudo vitupero a mis colegas es que se complacen con esto: en vez de agarrar el toro por los cuernos y educar a los que deciden la política a seguir y al público, intentan esquivar el tema fingiendo que la gerontología no trata para nada del alargamiento de la vida, sino más bien de lo que se llama “compresión de la morbidez”: mantenernos sanos hasta muy poco antes de que muramos, sin retrasar la muerte necesariamente. Esto es una verdadera vergüenza, en primer lugar porque la ciencia nos dice muy claramente que cualquier cosa que alargue la vida saludable es prácticamente seguro que alargará la vida total en la misma medida, es decir, que no comprimirá la morbidez en absoluto; y, en segundo lugar, porque las personas que justo acaban de dejar de estar sanas probablemente no tendrán ganas de morirse justo entonces.

Esperemos, pues, por lo que nos va en ello, que Grey y su equipo tengan éxito, aunque, si finalmente sus ideas se demostraran erróneas, no por ello deberíamos de dejar de estarles agradecidos por haberse planteado semejante desafío.

ADEDDUM Los interesados en ver y escuchar una disertación de Aubrey De Grey pueden hacerlo acudiendo aquí. Para una crítica, bastante inmisericorde, de sus ideas y de su personalidad, este artículo de Sherwin Nuland

Simpatía transversal por China.

Filed under: Política

Cuando Hu Jintao , en el año 2005, realizó su última visita a España, mantuve con Pink Panther un intercambio de correos electrónicos en el que nos preguntábamos por la razón de que la estancia de aquél entre nosotros no hubiera motivado ninguna protesta significativa ni por parte de la derecha ni por parte de la izquierda, mucho menos de los nacionalistas y eso a pesar de que la carrera política de Hu toma impulso a partir de su estancia en el Tibet como máximo dirigente comunista en esa región.

Todos los grupos políticos con representación parlamentaria, en definitiva, estuvieron encantados de conocerle, a pesar de que su ejecutoria, en materia de derechos humanos, tenga poco de ejemplar.

Entonces me atreví a sugerir que la derecha europea siente una especial simpatía por China por cuanto, aunque formalmente comunista, su despegue económico se liga a la liberalización de su economía lo que, se alega desde posiciones conservadoras, constituye algo así como la prueba del nueve de la superioridad del sistema capitalista. Además, el hecho de que la política exterior china se articule alrededor del principio de no injerencia en los asuntos internos de cada país, hace que los conservadores españoles no la perciban como una amenaza para la estabilidad mundial y nacional (es impensable que China pueda algún día hacer el más mínimo comentario favorable a cualquier intentona secesionista del País Vasco o Cataluña).

En cuanto a la izquierda, su simpatía por China se justifica por el hecho de que ve en ella sino a la única, sí a la potencia en mejores condiciones de oponerse a la política unilateral de EEUU en la esfera internacional y este hecho por sí solo ya justifica, para buena parte de esa izquierda, que se le perdonen “pecadillos” tales como la represión de cualquier movimiento que promueva principios tan sensibles para esa parte del espectro político como la libertad sindical.

Pues bien, un estudio (pdf) realizado en el 2006 para analizar, por encargo del Ministerio de Asuntos Exteriores japonés, las relaciones entre China y América Latina, demuestra que no iba tan desencaminado. También en esa región del mundo, China goza de considerables simpatías entre la derecha, incluso entre la extrema derecha, ya que, si no apoyó, sí es verdad que, en aplicación de su política de no injerencia, no tuvo ningún problema en incrementar sus relaciones con los regímenes militares del Cono Sur, a finales de los setenta del pasado siglo, cuando estos eran presionados por la Administración Carter y las democracias europeas por sus políticas en materia de derechos humanos. De modo que esos regímenes y buena parte de la población que los apoyaba vieron en China más a un aliado (Videla fue el primer presidente argentino que visitó Pekín) que les permitía equilibrar sus relaciones con EEUU que a un enemigo que pudiera desestabilizarlos. Percepción que, según las encuentas recogidas en ese estudio, perdura hasta hoy.

El caso es que esas relaciones con los regímenes dictatoriales sudamericanos no supusieron ninguna merma para el prestigio de China entre la izquierda latinoamericana que, como su rival ideológica, también ve en el Reino del Centro (con exagerado muchas veces optimismo) un aliado para contrarrestar la influencia de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental.

Parece, pues, como si la diplomacia china hubiera conseguido algo así como la cuadratura del círculo ideológico.

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