Kuki, la autora del blog Zhou Mo Hao!, dedica la penúltima de sus entradas a reflexionar, con notable lucidez, sobre qué aspectos de la realidad china (Kuki, si no recuerdo mal, ha estado residiendo en Pekín durante algo menos de un año con una beca para aprender chino) más le han llamado la atención.
Uno de los que más le han hecho pensar es lo extendida e “integrada” que está la pobreza en China. Kuki pone de relieve que en China la pobreza forma parte, por así decirlo, del paisaje general hasta el punto de que es perfectamente posible convivir con ella.
La visibilidad de la pobreza en China es consecuencia de su propia magnitud. Si tomamos como standard la línea internacional que mide la pobreza severa absoluta (personas que pueden gastar menos de un dolar por día), China tendría, según han reconocido sus propias autoridades , entre 120 y 130 millones de pobres. En términos relativos, y según la última encuesta del Banco Mundial, las personas con un consumo per capita inferior a 1,08$ diarios al nivel de precios de 1993 constituyen el 14 % de la población China. Si consideramos pobres a aquéllos que viven con menos de 2,15 $ diarios, el porcentaje de chinos por debajo del nivel internacional de pobreza asciende hasta el ¡41,6 %! de toda la población.
¿Cómo vive una persona con menos de un dólar diario? Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo han escrito un interesantísimo ensayo (se puede encontrar aquí en pdf y en inglés) sobre la vida económica de los pobres en unos 13 países de Asia, América Latina y África entre los que, desgraciadamente, no se encuentra China.
Sin embargo, muchas de las conclusiones que se ofrecen en dicho estudio son congruentes con las historias que yo he podido leer en ESWN sobre la vida de los más humildes en el Reino del Centro.
Fijémonos si no en esta trágica historia de Gou Li. Aunque su triste final fue debido a un cúmulo de desgracias, éstas comenzaron cuando ella y su marido tuvieron que hacer frente a las deudas contraídas por los suegros de ella para pagar el banquete de boda.
Por sorprendente que parezca, los pobres, incluso los más pobres entre los pobres, dedican una parte considerable de sus ingresos a bodas y celebraciones, religiosas o no, incluso a costa de reducir su propia alimentación.
En el estudio antes citado, sus autores aluden a una encuesta realizada en el estado indio de Udaipur, uno de los más pobres de la ya paupérrima India, que constata que:
it is apparent that spending on festivals is an important part
of the budget for many extremely poor households. In Udaipur, over the course of the previous
year, more than 99 percent of the extremely poor households spent money on a wedding, a
funeral, or a religious festival. The median household spent 10 percent of its annual budget on
festivals. In South Africa, 90 percent of the households living under $1 per day spent money on
festivals. In Pakistan, Indonesia, and Cote d’Ivoire, more than 50 percent did likewise.
.
Más adelante, los autores ofrecen una explicación a tan sorprendente fenómeno. Para ellos,
The need to spend more on entertainment rather than on food appears to be a strongly
felt need, not something that would go away if the poor could plan better. One reason this
might be the case is that the poor want to keep up with their neighbors.
Yo interpreto esta frase en el sentido de que los pobres son tan sensibles a mantener un cierto “status” como lo somos todos los demás.
Todo lo anterior no significa que yo considere que los pobres de estos países son pobres de necesidad porque se lo merecen. Porque gastan más en alcohol o en tabaco de lo que sería razonable o porque celebran, dentro de su inmensa modestia, bodas o funerales.
El estudio citado pone de relieve que en su mayor parte los pobres lo son porque no tienen acceso a los medios necesarios (crédito, educación y salud, entre otros muchos) para poder dejar de serlo.
Con este post sólo he querido poner de relieve que no importa lo pobre que uno sea, siempre va a tener que hacer frente a difíciles decisiones, tanto más difíciles o dolorosas cuanto más pobre es uno. Para nosotros, los privilegiados del primer mundo, proporcionar a nuestro hijo una chuchería no representa ninguna difícil decisión, por el contrario para una persona que vive con menos de un dolar al día hacer frente a una, por otra parte tan lógica reclamación, le puede suponer no tener de qué comer ese día.