Sexo y religión.
Leo en esta crítica del libro “Jesus in Beijing” que el 80 % de los protestantes chinos (el protestantismo en su versión evangélica y pentecostal ha experimentado en China un gran crecimiento en las últimas décadas) son mujeres, generalmente con un alto grado de educación .
No he podido comprobar si este dato es o no cierto. En cualquier caso, lo que sí está probado empíricamente es que las mujeres se declaran religiosas en un mayor porcentaje que los hombres en la inmensa mayoría de los países, sin que China constituya en este punto una excepción (según la encuesta mundial de valores, un 12,2 de los hombres chinos se declaran una persona religiosa frente a un 17,3 de las mujeres).
Un rasgo tan general y extendido lógicamente tenía que llamar la atención de los estudiosos de la religión. Desde un punto de vista secular, varias son las explicaciones que se han ofrecido de este fenómeno.
La primera atribuye el mayor grado de religiosidad del sexo femenino al hecho de que, desde su más tierna infancia, las mujeres son educadas en valores y creencias religiosas que sirven de fundamento a la sociedad patriarcal. Se considera que la mujer es el soporte y principal fuente de transmisión de los valores de la familia y de la religión y por eso es socializada más intensamente en los mismos, lo que a su vez explicaría su mayor grado de creencia religiosa.
Pero, como señalan los sociólogos Stark y Miller, esta explicación no se corresponde con el hecho de que cuanto más tradicional y patriarcal es una sociedad menos diferencia existe entre hombres y mujeres en cuanto a su grado de creencias religiosas; mientras que, en cambio, cuánto más liberal una sociedad es, el diferencial de religiosidad entre los sexos a favor del femenino o aumenta o al menos se mantiene, cuando de acuerdo con la teoría de la socialización tendría que ser al revés.
Se proponen entonces otras explicaciones. Stark y Miller proponen una de raíz biológica: los hombres son menos religiosos porque biológicamente su cerebro prefiere las conductas de riesgo y el comportamiento religioso es más propio de personas que tienen aversión al riesgo (se prefiere tomar ahora unos determinados compromisos para evitar en el futuro una condenación eterna).
Bryan Caplan en Econoblog propone en cambio otra explicación que comparte con la anterior su raíz biológica si bien se fija más en otros aspectos de la personalidad de los hombres y las mujeres. Para Caplan las mujeres tienen una personalidad más propensa a la emotividad (o si se preferire, en términos del test de los cinco factores, son más “amables”, más propensas al compromiso, a la humildad y a la sumisión) un rasgo que conjuga mejor con el sentimiento religioso que aquel otro, más generalizado entre los hombres, que prefiere observar el mundo desde una postura más racional y escéptica, menos emotiva.
Claro que esta teoría tampoco explicaría, y con esto vuelvo al principio, por qué en China son las mujeres más formadas las que se sienten más atraídas por la religión.
En definitiva, todo un puzzle al que difícilmente encontraremos solución.
