En marcha otra vez.
El 16 de septiembre me despedía de los lectores de este blog con exagerado laconismo. Estaba a punto entonces de iniciar un largo viaje que, pensaba, iba a cambiar mi vida. Con la esperanza puesta en ese “nuevo comienzo”, decidí poner punto y final a muchas de las actividades que hasta entonces ocupaban buena parte de mi tiempo (navegar por internet y bloguear fueron las primeras de la lista).
Mis expectativas, sin embargo, resultaron infundadadas y, ya de regreso a España, me di cuenta de que los viejos defectos nunca mueren. De todos ellos, quizás el más inocente sea el de escribir este blog opinando sobre un país y una cultura de las que únicamente tengo información de segunda mano.
Realizado pues el correspondiente análisis coste-beneficio, he llegado a la conclusión que vale la pena reiniciar esta aventura (aun consciente de que su valor es pequeño), siquiera por lo que me divierto participando en ella.
