Shanghai express

September 3, 2006

Libros de texto.

Filed under: Sociedad

Las autoridades educativas de Shanghai han aprobado recientemente unos nuevos libros de texto para la enseñanza de la historia que vienen a sustituir a los que, hasta ahora, se utilizaban en los institutos de esa ciudad.

Según el NYT, los nuevos manuales ofrecen una visión de la historia china menos ideologizada (a Mao apenas se le menciona y las referencias al marxismo y a la lucha de clases se han reducido notablemente) y más centrada, al modo que pretendía Fernand Braudel , en el que dicen haberse inspirado sus redactores, en los factores socioeconómicos del fluir histórico que en la mera narración cronológica de los acontecimientos.

En un país en el que, durante más de 50 años, la población ha soportado adoctrinamiento político e ideológico en dosis de caballo, que los nuevos libros de historia que estudiarán los escolares (el cambio de todas formas únicamente afecta a Shanghai) estén menos politizados no me parece negativo.

Con todo, y esta es una crítica que hago a cualquier Estado y no sólo al chino, no entiendo qué hace la autoridad política decidiendo qué es lo que deben aprender los niños o jóvenes y cómo deben hacerlo.

Creo que el Estado, si pensamos que el pluralismo es un valor irrenunciable en una sociedad democrática, tiene que ser neutral ante las distintas posiciones ideológicas que existan en la sociedad, que ese deber de neutralidad incluye también a la enseñanza y que no es misión de los políticos determinar si la historia tiene que enseñarse de una forma u otra. Esa es una responsabilidad que compete a los padres de los alumnos juntamente con sus profesores.

Al fin y al cabo, si la sociedad atribuye a los padres la responsabilidad primera a la hora de tomar decisiones tanto o más relevantes para el futuro de sus hijos que decidir conforme a qué criterios se ha de enseñar la historia de su país, ¿por qué no dejar también la responsabilidad de decidir aquéllos en sus manos?

Se podrá objetar que si no interviene la autoridad cabe la posibilidad de que algunos padres exijan a los profesores que enseñen una historia que se aparte de los hechos reales y los tergiversen completamente.

A esta objeción respondo diciendo que, en primer lugar, confiar el control de los libros de texto a una autoridad central no disminuye ese peligro, al contrario la experiencia histórica nos demuestra que lo acrecienta y, en segundo lugar, que la descentralización no tendría que llegar al punto de que se permitieran libros de texto quo, antes al contrario, e favorecieren el odio o que atentaren contra una sociedad democrática. Ahora bien, más allá de esos límites, que además tendrían que ser interpretados restrictivamente y con mucho cuidado, la decisión tendría que dejarse en manos de cada centro escolar.

Naturalmente, esta libertad ideológica tendría que ir acompañada de mecanismos que asegurasen la libertad de los padres de elegir el centro al que quieren que asistan sus hijos, cuestión ésta de lo más peliaguda y que tengo el propósito de tratar en otro post.

Volviendo ahora a la cuestión específica de los libros de texto, el caso de Japón podría ser un buen ejemplo de cómo un sistema descentralizado en la enseñanza resulta más aconsejable que otro que no lo es.

Después de la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de ocupación norteamericanas obligaron a sustituir el antiguo sistema en el que el poder político determinaba qué historia se había de enseñar a los escolares (con el resultado catastrófico por todos conocido) por otro en el que las distintas editoriales elaboraban sus propios libros de texto limitándose la autoridad educativa a aprobar aquéllos que se ajustasen a unas líneas muy generales. Luego, cada centro escolar tenía libertad para elegir de entre los libros aprobados el que le pareciera más conveniente.

Este sistema ha venido funcionando, con algunas modificaciones, hasta la actualidad habiéndose originado, desde hace unos años, una muy notable controversia, con trascendencia incluso diplomática, por el hecho de que las autoridades educativas han dado su aprobación a un libro de texto que ofrece una versión, como mínimo endulcorada, del comportamiento del Ejército Imperial durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, ese texto sólo fue escogido para la enseñanza de la historia, según leo en este artículo de Wikipedia, por el 0,093 % de las escuelas a las que, en principio, estaba dirigido, en una muestra clara de que la inmensa mayoría de los padres japoneses tenían una mejor idea de lo que les convenía a sus hijos que los burócratas que autorizaron semejante libro.

1 Comment »

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  1. Sim, estou a trabalhar em Shanghai há um mês e pelo que percebo esta cidade já não tem muito a ver com o marxismo e comunismo a que estávamos habituados na Europa ou União Soviética

    Comment by ruinix — September 4, 2006 @ 7:31 am

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