Las autoridades educativas de Shanghai han aprobado recientemente unos nuevos libros de texto para la enseñanza de la historia que vienen a sustituir a los que, hasta ahora, se utilizaban en los institutos de esa ciudad.
Según el NYT, los nuevos manuales ofrecen una visión de la historia china menos ideologizada (a Mao apenas se le menciona y las referencias al marxismo y a la lucha de clases se han reducido notablemente) y más centrada, al modo que pretendía Fernand Braudel , en el que dicen haberse inspirado sus redactores, en los factores socioeconómicos del fluir histórico que en la mera narración cronológica de los acontecimientos.
En un país en el que, durante más de 50 años, la población ha soportado adoctrinamiento político e ideológico en dosis de caballo, que los nuevos libros de historia que estudiarán los escolares (el cambio de todas formas únicamente afecta a Shanghai) estén menos politizados no me parece negativo.
Con todo, y esta es una crítica que hago a cualquier Estado y no sólo al chino, no entiendo qué hace la autoridad política decidiendo qué es lo que deben aprender los niños o jóvenes y cómo deben hacerlo.
Creo que el Estado, si pensamos que el pluralismo es un valor irrenunciable en una sociedad democrática, tiene que ser neutral ante las distintas posiciones ideológicas que existan en la sociedad, que ese deber de neutralidad incluye también a la enseñanza y que no es misión de los políticos determinar si la historia tiene que enseñarse de una forma u otra. Esa es una responsabilidad que compete a los padres de los alumnos juntamente con sus profesores.
Al fin y al cabo, si la sociedad atribuye a los padres la responsabilidad primera a la hora de tomar decisiones tanto o más relevantes para el futuro de sus hijos que decidir conforme a qué criterios se ha de enseñar la historia de su país, ¿por qué no dejar también la responsabilidad de decidir aquéllos en sus manos? (more…)