Experimentar, no poseer, es lo que nos hace más felices.
Condicional nos comunica que sus días en China, que no como bloguer, están contados. No creo equivocarme si digo que, en términos generales, nuestra mandarina hispana considera su experiencia en China como positiva. Es el mismo sentimiento que yo he podido apreciar en la gran mayoría de los bloguers que han estado allí.
Sin que mi propósito sea minusvalorar los atractivos que tiene el Reino del Centro y sus gentes para provocar esos sentimientos, sí hay que tener en cuenta que, según los sicólogos cognitivos, el cerebro humano está configurado de forma que, a poco una experiencia sea mínimamente placentera, su recuerdo perdure en nuestras mentes en términos muy positivos.
Como resalta este artículo del WSJ (se requiere subscripción, el párrafo de abajo lo he extraído de un post de Mankiw) citando al profesor Daniel Gilbert:
There’s a lot of data that suggests experiences are better than durable goods.
The car might seem like the better purchase, because it has lasting value. But, in fact, it sits in the driveway, slowly deteriorating. “Experiences don’t hang around long enough to disappoint you,” Prof. Gilbert says. “What you have left are wonderful memories.”
Bryan Caplan, sin embargo, no acaba de creerselo y Will Wilkinson le responde.
Lo único que yo puedo añadir a este debate es lo siguiente: siempre que he optado por regalar a mi pareja, con motivo de cualquier celebración, una “experiencia” (ya sea una cena o una noche en un hotel especial) el resultado siempre ha sido mucho más satisfactorio que cuando he regalado algún objeto.
