Shanghai express

August 4, 2006

Matar a Mao para salvar al padre.

Filed under: Historia

Ya hice referencia en otra entrada a Jung Chang, la coautora de un libro sobre Mao que ha originado una considerable polémica.

No he leído sino extractos de ese libro por lo que no voy a hacer una crítica del mismo. Sí leí, en cambio, el que con el título “Cisnes Salvajes” la misma autora dedicó a narrar la vida en la China del siglo pasado de tres generaciones de mujeres, la de la propia autora, la de su madre y la de su abuela.

Sin embargo, aquellas partes del libro que más me interesaron fueron las que la autora dedica a su padre, un miembro del Partido Comunista Chino desde la primera hora que llegaría a adquirir una considerable jerarquía dentro de él antes de caer en desgracia cuando se produce la Revolución Cultural.

La visión que nos ofrece Chang de su padre es la de un hombre íntegro, severamente comprometido con sus ideales, que muere en el más profundo de los desencantos al ver como aquellos son traicionados por los más altos dirigentes del partido y más concretamente por Mao.

Por eso, el libro más que una crítica del Partido Comunista Chino lo es de Mao y de la camarilla que lo secundaba durante la Revolución Cultural (en la contraportada de Mao: la historia nunca contada he leído que se le reprocha no ser incluso marxista) que, al hacerse con todo el poder, expulsaron de ese partido a lo mejor que había en él.

Al parecer y si hemos de hacer caso a sus críticos, esta tendencia de culpar a Mao de todos los males y tragedias ocurridas en China que ya se manifiesta en Cisnes Salvaje, se acentúa en Mao: la historia nunca contada más allá de toda proporción.

Está claro que si esa desmesura se produce (repito que no he leído el libro), la obra de Chang carecerá de valor como análisis histórico de una era. Pero ¿tiene un sentido político?

Después de leer este post en el excelente blog sobre los penúltimos días del, esperemos, penúltimo dictador comunista, he llegado a la conclusión de que posiblemente tenga un sentido político atribuir al dictador toda la miseria moral del país que ha gobernado. Como dice el autor de la entrada que ahora comentamos:

La superación del totalitarismo cubano nos sitúa en una condición de stillborn político, donde debería regir el clíopragmatismo con que Renán respondió en la Sorbona (1882) a la pregunta ¿Qué es una nación? Para salir con ventaja del oscurantismo, una nación debería buscar la inculpación del menor número de personas posibles. Sin llegar, por supuesto, a cero. ¿Cuál es ese número? El Uno (1), por supuesto. Considerar que Fidel Castro es el único responsable del problema cubano puede ser históricamente errado, pero es socialmente moral y eficiente en política.

Al igual que los exiliados cubanos en Miami, Jung Chang ha pasado cuentas con el dictador que a ella le tocó en suerte quizás por la imposibilidad de asumir que en el drama que ha sido la historia china de la segunda mitad del siglo XX sus padres y quienes con ellos asumieron los ideales comunistas también tuvieron su papel.

Sesgo de confirmación

Filed under: Uncategorized

Con ese nombre designan los psicólogos cognitivos la tendencia de todos los humanos a buscar pruebas que confirmen nuestras creencias preexistentes con omisión u olvido de aquéllas que las contradigan.

Un reciente artículo en Scientific American se hace eco de un experimento desarrollado por psicólogos de la Universidad de Emory para estudiar cómo se origina en el cerebro tan pernicioso, si lo que nos preocupa es ser objetivos en nuestros razonamientos, sesgo.

El experimento se desarrolló durante la campaña electoral a la Presidencia de Estados Unidos del 2004. Treinta hombres, que previamente y en un número igual se habían descrito como decididamente Demócratas o Republicanos, se sometieron a la técnica conocida como imagen funcional de resonancia magnética (el término es traducción de la expresión inglesa functional resonance magnetic image, fMRI en abreviatura, y dudo que sea la más correcta) mientras se les preguntaba sobre cuestiones en las que los candidatos a la presidencia mantenían puntos de vista muy divergentes.

La técnica fMRI — de la que oiremos hablar mucho en el futuro porque, entre otras cosas, se están invirtiendo grandes cantidades de dinero en ella para convertirla en un detector de mentiras mucho más fiable que el desprestigiado polígrafo– permite conocer qué partes del cerebro están activas cuando éste se enfrenta a una determinada tarea. En el caso sometido a estudio esa tarea consistía en manifestar un punto de vista sobre una cuestión polémica en personas con fuertes opiniones al respecto.

Pues bien, lo que los investigadores descubrieron fue que al dar sus respuestas, las partes del cerebro de los entrevistados que más directamente están ligadas con el razonamiento permanecían muy inactivas, mientras que las ligadas con las emociones experimentaban una considerable actividad.

En palabras del director del estudio:

Essentially, it appears as if partisans twirl the cognitive kaleidoscope until they get the conclusions they want, and then they get massively reinforced for it, with the elimination of negative emotional states and activation of positive ones.

¿Cómo librarse entonces de una tendencia tan enraizada en la psique humana? Parece que no hay mejor consejo que el de la humilidad intelectual, humildad que no debe confundirse con el relativismo.

El relativismo constituye un desincentivo para que las personas se impliquen en el desarrollo de sus ideas y las sometan a un fuerte escrutinio, al fin y al cabo por qué perder el tiempo en verificar la objetividad de nuestras ideas si tal objetividad es imposible. Pero el mantener unas ideas fuertes, no significa que nos tengamos que identificar con ellas, porque entonces corremos el riesgo de olvidarnos de todo aquello que las contradiga. Pensar en ideas fuertes, pero mantenerlas débilmente (strong opinions, weakly held) parece, por tanto, una buena receta para la sabiduría.

Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Jay of onefinejay.com