Honradez ¿tienes nombre de mujer?
Leo en CDT que la comisión formada dentro de la Academia China de Ciencias Sociales para elaborar una propuesta de legislación para combatir el fenómeno de la corrupción ha finalizado sus trabajos.
Ignoro si la citada comisión ha incluido, entre sus sugerencias anti-corrupción, la de incrementar el número de mujeres en puestos de responsabilidad política o económica, como ya hiciera antes el Banco Mundial en su informe Engenderign Development.
En el resumen en español del citado informe, leo:
Unos mayores derechos de las mujeres, y una participación más igualitaria
en la vida pública por mujeres y hombres, están relacionados con
unas empresas y un gobierno más honestos y un mejor buen gobierno. Allí
donde la influencia de las mujeres en la vida pública es mayor, el nivel de
corrupción es menor. Esto es válido incluso cuando se comparan países con los mismos ingresos, libertades civiles, educación e instituciones jurídicas. Aunque todavía sólo son indicativas, estas conclusiones suponen un apoyo adicional para que las mujeres estén más presentes en el
mercado de trabajo y en la política – puesto que ellas pueden ser una fuerza
eficaz en el cumplimiento de la ley y en un buen gobierno.Es menos probable que las mujeres empresarias paguen sobornos a los
funcionarios del gobierno, quizá porque las mujeres tienen unos niveles
superiores de comportamiento ético o una mayor aversión al riesgo. Un
estudio de 350 empresas en la República de Georgia concluye que es un
10% más probable que las empresas propiedad de los hombres, o gestionadas
por ellos, hagan pagos informales a los funcionarios del gobierno que
las que son propiedad de las mujeres o están dirigidas por ellas. Este resultado
es válido con independencia de las características de la empresa, como
el sector al que pertenece y el tamaño de la empresa, y de las características
del propietario o director, como la educación. Sin neutralizar los
efectos de estos factores, la probabilidad de que las empresas dirigidas por
hombres paguen sobornos es doble.
La idea de que las mujeres son intrínsecamente más honradas que los hombres no deja, sin embargo, de tener sus contradictores. Anne Marie Goetz ha sido la científica social que más tiempo ha dedicado a intentar demostrar que semejante afirmación es un mito sin base real además de contraproducente para el movimiento feminista. En su trabajo, Political Cleaners: How Women are the New Anti-Corruption Force. Does the Evidence Wash?, Goetz afirma que
“Most of the evidence on women’s corruption or lack of it in politics or public services is anecdotal, or else can be derived parenthetically from case studies of public sector reform that happen to examine bureaucracies staffed by women.” She cites examples of experiments in reforms of degraded public services that hire a new category of people to staff new delivery systems: “These new staff members can be male or female; what influences their excellent performance are new incentive systems and accountability systems producing a sense of group calling, and better monitoring”.
Para Goetz, los estudios que afirman que las mujeres son menos corruptas que los hombres omiten considerar que ese resultado puede deberse más a las dificultades que tienen las mujeres para “ingresar” dentro de las redes, eminentemente masculinas, que permiten o facilitan la corrupción que al hecho de que sean intrínsecamente más honradas que los hombres.
Los interesados en profundizar más en este apasionante tema tienen en este enlace un buen resumen de la controversia.
