Error fundamental de atribución.
Con ese nombre (aunque también se utilizan otros términos para designar el mismo fenómeno) se designa la tendencia de los seres humanos a sobrevalorar la disposición subjetiva de una persona sobre las circunstancias ambientales a la hora de juzgar su comportamiento.
Un ejemplo de este “bias” cognitivo lo hemos tenido en la forma en que se ha venido juzgando a la selección española de futbol en el Mundial de Alemania. Cuando se ganaban los partidos, nuestros jugadores eran los mejores, cuando, finalmente, ha llegado la derrota se ha vuelto a criticar a los jugadores por su falta de capacidad competitiva, omitiendo, tanto en uno como en otro caso, una multitud de factores ajenos a la propia predisposición de los futbolistas españoles que han podido influir en el resultado (la actuación del equipo contrario, del árbitro, de la pura suerte, etc…).
Me pregunto si no caemos en el mismo error cuando juzgamos la mayor o menor predisposición de un inmigrante a integrarse en la cultura del país que le acoge en función de su mayor o menor dominio de la lengua que allí se habla.
Este tema está siendo muy debatido en USA, donde los partidarios de políticas más duras y restrictivas de la inmigración hispana alegan el escaso dominio de la lengua inglesa que tienen los inmigrantes hispanos como prueba de su falta de voluntad de integración.
Sin embargo, este reciente artículo del NYT pone de relieve que, según un estudio de los profesores de la Universidad de Houston, Bleakley y Chin, el mayor o menor dominio de la lengua inglesa por un inmigrante no depende tanto de su mayor o menor predisposición a aprenderla, como de la edad en la que llega al país en el que pretende afincarse para trabajar sobre la base de que, superada determinada edad (hipótesis del periodo crítico) aprender un segundo idioma resulta, para la mayoría de los mortales, muy difícil, hasta el punto de que se considera prácticamente imposible desprenderse del acento extranjero.
El trabajo de Bleakey y Chin se basa, como ya he dicho, en la hipótesis de que existe una edad a partir de la cual la adquisición de un idioma extranjero resulta muy difícil (hipótesis en la que no todo el mundo está de acuerdo) pero, en cualquier caso, sus conclusiones me parececen mucho más razonables que las de aquellos que, por ejemplo, reprochan a los chinos que viven en España una escasa voluntad de integración en función de que una parte considerable de ellos no maneja con fluidez el español (lo mismo se podría decir de los que en China dicen que los extranjeros que allí viven no se preocupan los suficiente de aprender el chino por una razón o complejo de superioridad).
