En un foro sobre China escrito en inglés, Talk China se llama y no me pregunteis por su popularidad porque la desconozco, apareció recientemente una entrada sobre la introducción por un “college” exclusivamente femenino de la universidad Tongji de Shanghai de cursos sobre economía doméstica, punto, preparación de té y arreglos florales.
La persona que inició la discusión formulaba como preguntas a responder por el resto de los participantes las siguientes: si consideraban que el trabajo doméstico debía considerarse un privilegio de las mujeres, si creían necesario que éstas desarrollaran esas habilides y, finalmente, si no pensaban que era mejor que tales tareas se desarrollasen conjuntamente con los hombres.
No seguí toda la discusión hasta el final pero, al menos en las dos primeras páginas, eran más los/las que se mostraban favorables a este tipo de cursos que los/las que veían en ellos el reflejo de una sociedad machista.
¿Será porque las mujeres chinas, como consecuencia de haberse criado en una sociedad más tradicional, se muestran más dispuestas a aceptar el trabajo doméstico como una parcela exclusivamente femenina? Mi experiencia personal me dice que probablemente esa sea la respuesta. También en España, a finales de los 70, la idea de que un hombre colaborase en las tareas domésticas les parecía poco menos que una excentricidad a la mayoría de las mujeres de aquélla época (y basta acercarse a los documentales que se hacían por aquél entonces en la RTVE para comprobarlo) y ahora, más de 30 años después, lo extraño sería ver a una mujer que considerase justificado que un hombre no colabore en esa tareas.
De todos modos, recientemente un periódico tan poco sospechoso de machismo como el The Independent hacía referencia a un estudio en el que se recogía el siguiente resultado:
the average British woman between 18 and 80 spent nine years, two months and 25 days of her waking life cleaning and tidying.
But 59 percent of the women interviewed would have it no other way and said “cleaning makes them feel in control of their lives, while 60 percent said they found it “mentally therapeutic” . (gracias a Edward Hugh por la reseña)
Y si de estudios serios hablamos, el que Margaret F. Brinig y Steve L. Nock, Weak Men and Disorderly Women: Divorce and the Division of Labor se titula, dedicaron a analizar la estabilidad en el matrimonio y una distribución pareja de las tareas domésticas demuestra que, incluso en una sociedad tan desarrollada como la americana, los matrimonios más estables no son aquellos en que ambos cónyuges piensan que el trabajo doméstico se distribuye equitativamente. Al contrario, los autores sugieren que:
mutual perceived fairness or an exchange-type relationship may not be the most desirable situation if stable marriages are the desired outcome. Stable marriages, that is, may not be experienced as fair marriages. And while stable marriages are possible with greater sharing of housework, such sharing may not produce desirable outcomes unless both partners understand that wives bear an unfair burden.
Resumidos, los resultados del trabajo eran los siguientes: los matrimonios en que el hombre piensa que la distribución de las tareas típicamente domésticas (planchar, fregar, sacar el polvo, etc) es injusta en su perjuicio tienen muchas probabilidades de fracasar. También las tienen aquellos en que ambos cónyuges participan de esa percepción. En cambio, son mucho más estables los matrimonios en los que la mujer piensa que realiza una parte desproporcionada de los trabajos domésticos siempre que el hombre así se lo reconozca. Estos matrimonios son incluso más estables que aquéllos en que ambos cónyuges consideran que el reparto del trabajo doméstico es equitativo entre ambos.
Quizás entonces se explique por qué las mujeres casadas, en China y en cualquier otra parte del mundo, realizan la mayor parte del trabajo doméstico: prefieren esa situación (siempre que su marido así se lo reconozca, ¿qué tal una rosa para Sant Jordi?) que una mayor probabilidad de ruptura conyugal, sobre todo si, como dice la encuesta publicada por The Independent, limpiar les resulta, a una mayoría de ellas, “mentalmente terapéutico”.
Sólo es una hipótesis, por favor no disparen al pianista.
ADICIÓN Pink Panther en este podcast de Toda China critica el contenido de este post por considerar que se basa en información de “tercera o cuarta mano” y ofrece una versión distinta sobre el status de la mujer urbana en China y las relaciones de pareja basada, así lo afirma él al comienzo de su podcast, en su propia experiencia personal.