Los demógrafos no se ponen de acuerdo.
El siempre excelente New Economist me remite a dos posts (ver aquí y aquí) publicados en el blog Demography matters en los que se discute la cuestión de si el progresivo envejecimiento de la población china (de este hecho nadie duda) determinará en un futuro próximo unas cargas para esa sociedad que ésta no podrá asumir por no haber llegado a completar su desarrollo, o, dicho de forma más sintética, si China envejecerá antes de hacerse rica.
De las entradas antes mencionadas y de los comentarios que a ellas se hacen me han llamado la atención las siguientes afirmaciones:
1) Las estadísticas chinas sobre población están llenas de problemas, en parte, por razones de pura escala, en parte, por los incentivos que existen tanto entre la población como entre los funcionarios que han de elaborarlas para que no se correspondan a la realidad. Lo terrible es que, dadas las consecuencias que el desarrollo demográfico de China tiene para este país y el resto del mundo, resulta casi imprescindible empezar a tomar decisiones que afectarán al futuro de millones de personas, no obstante lo limitado de nuestro conocimiento sobre el asunto.
2) Según un informe, cuya validez es discutida, España, junto con Italia y Francia, sería uno de los países más vulnerables al envejecimiento de su población.
3) Edward Hugh, uno de los colabores del blog, propone, como solución para el problema que representa el envejecimiento de la población, alargar la vida laboral de las personas hasta casi los 75 años . Para facilitar la empleabilidad de esas personas y el hecho de que, con la edad, el desgaste de nuestro material biológico nos hace menos productivos, Edward propone que desempeñen trabajos con salarios inferiores a los que perciba el resto de la población.
