Shanghai express

February 20, 2006

Hacer negocios en la República Popular de China.

Filed under: Economía

Este fin de semana (aparte de intentar editar un podcast, propósito del que he desistido después de oír, horrorizado, el resultado) me he dedicado a curiosear en una página de internet (Doing Business se llama) que mantiene el Banco Mundial y que está dedicada a hacer públicos informes sobre la facilidad de realizar negocios en el mundo.

La página publica anualmente la clasificación que los técnicos del Banco Mundial hacen de 155 países de todos los continentes en función del mayor o menor grado de facilidad que ofrecen a sus conciudadanos para poner en marcha un negocio privado.

En esa clasificación, China ocupa el puesto 91. Hong Kong, por el contrario, ocupa el séptimo lugar, mientras que, para encontrar a Taiwan, hay que bajar la vista hasta el puesto 31, justo uno más abajo que España que no es, sin embargo, el país hispanohablante mejor clasificado ya que Chile ocupa el 25.

El ranking general se elabora como un promedio de otras 10 clasificaciones en las que se tienen en cuenta el tiempo y coste de apertura de una empresa, la obtención de licencias, la facilidad para contratar y despedir trabajadores, el tiempo y coste que suponen registrar una propiedad, la facilidad para obtener crédito, la protección de los inversores, los impuestos que se pagan, como un porcentaje sobre el beneficio de la empresa, el grado de cumplimiento de los contratos y la facilidad de liquidar una empresa si el negocio finalmente no resulta exitoso.

Así, un chino (supongo que para un inversor extranjero la cosa no variará mucho, si acaso los procedimientos serán más complicados) que quiera iniciar una empresa en la República Popular China (Hong Kong, en esto como en casi todo, es otra historia) tiene que saber que, con datos de 2005, para su constitución tendrá que cumplir 13 trámites (en la OCDE el promedio es de 6,5) que le consumirán, también de media, 49 días. El coste que para los empresarios supone realizar todas estas actividades alcanza hasta un 13,6 % del ingreso nacional per capita. Más preocupante para el desarrollo de la pequeña y mediana empresa es saber que, antes de su constitución, el futuro empresario o empresarios tendrán que haber reunido un capital que representa el 946,7 % del ingreso nacional per capita. Y no esperen que, para ese fin, las instituciones de crédito ayuden en exceso, ya que el funcionamiento de las instituciones crediticias en China es todo menos transparente.

Pero lo peor no acaba ahí, sino que antes de tener todas sus licencias en regla para iniciar las operaciones, tendrá que cumplir con 30 trámites (con el promedio en la región “Pacífico-Este de Asia” establecido en 18) que le supondrán casi un año de gestiones.

Tampoco es China el oasis que algunos piensan en términos de flexibilidad laboral ya que el índice de rigidez laboral (que se calcula en función de la dificultad para contratar y despedir trabajadores y variar los horarios) se sitúa por encima de la media de la región y apenas un poco por debajo de la media de los países de la OCDE.

En cuanto a las cargas tributarias, las empresas chinas (corrupción al margen) tienen que afrontar pagos por impuestos que se llevan el 46,9 % de sus beneficios, porcentaje superior al de la media de los países desarrollados de la OCDE y muy superior al de la media de la región.

En fin, que China está muy lejos de responder a ese tópico de país que ha pasado del más absoluto dirigismo al más completo laissez faire

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