El hecho de que una afirmación se repita hasta la saciedad no la convierte en más verdadera. Por eso siempre me he preguntado cuánto de cierto había en esa frase, tan repetida, de que China y Occidente son dos mundos paralelos que, en lo que a su sistema de valores se refiere, siempre divergirán.
El World Valor Survey (un sondeo de opinión que, desde el año 1981, viene realizándose en más de 80 países con el objeto de conocer el cambio sociocultural a nivel mundial) proporciona una evidencia, limitada, es cierto, pero algo más que anecdótica, de que algo de verdad existe en esa afirmación pero también de que la realidad es mucho más compleja de lo que da entender tan frecuentado tópico.
En este link encontrareis un mapa mundial de valores elaborado por el profesor Ronald Inglehart , uno de los investigadores que participa en el WVS, que clasifica los sistemas de valores de los países según dos contraposiciones: la que establece, según la influencia que ejerza la religión, entre valores tradicionales y seculares-racionales y la que, fijándose en el nivel de desarrollo económico alcanzado, establece entre valores de supervivencia y de “self-expresion”, propios de las sociedades postindustriales.
Pues bien, si se examina este mapa se podrá apreciar que existe una fuerte correlación entre el ámbito cultural al que pertenece un país y su sistema de valores.
Pero el mapa de Inglehart también permite afirmar que, por ejemplo, Japón está más próximo en su sistema de valores a Suecia, con la que pocos elementos culturales comparte, que España lo está de El Salvador, a pesar de que la primera transmitió (alguno dirá impuso) al segundo buena parte de sus valores culturales.
Además, el World Values Survery proporciona también la evidencia de que el sistema de valores de un país no sólo no es inmutable sino que evoluciona de una forma bastante predecible, conforme se incrementa el grado de bienestar económico, hacia una mayor secularización y a lo que Inglehart denomina valores post-materialistas, esto es, aquéllos en los que priman la protección del medio ambiente, la tolerancia de la diversidad y una creciente demanda para participar en la toma de decisiones económicas y sociales.
La base de datos de la que Inglehart ha extraído estas conclusiones se puede consultar por internet en esta página que además permite cruzar los datos obtenidos entre cualesquiera países en los que se han venido realizando los sondeos.
Yo, procastinador impenitente, me pasé una tarde comparando los resultados de China con los de España. Uno de los resultados que más me sorprendió fue el de que, preguntados chinos y españoles sobre su grado de acuerdo con la afirmación “uno de mis principales objetivos en la vida ha sido que mis padres estén orgullosos”, un 73 % de los españoles consultados manifestaron estar de acuerdo o muy de acuerdo con dicha expresión, frente a un 70,1 % de los chinos, cuando estaba cansado de leer que en China el concepto de orgullo, de autoestima familiar, era fundamental. Ciertamente, el resultado demuestra que lo es, pero no en mayor medida que puede serlo en España.