El artículo, casi un ensayo, que sigue a continuación ha sido escrito, incluida la frase que da título a esta entrada, por Yun, pseudónimo de un occidental que reside en China y que desea mantener su anonimato. El texto me fue remitido por correo electrónico y, por su gran interés, lo reproduzco ahora aquí en su integridad, no sin antes agradecer a su autor que me haya permitido publicarlo.
Soy un ignorante absoluto sobre China. Mis conocimientos sobre
dicho país cabrían en un dedal y su consistencia sería tan precaria como
la de un castillo hecho de gelatina. Tampoco soy periodista, informante,
espía ni experto en China. Soy una persona común, bastante torpe por otro
lado, y que en contadas ocasiones se dedica a juntar letras, con suerte
dispar y sin ningún tipo de recompensa.
Dicho esto, para aquellos que quieran saber algo sobre China, lo
primero que deben hacer es dejar de leer estas reflexiones. Incluso
recomiendo que dejen de leer por completo, sea lo que sea, y enciendan la
televisión, pues allí obtendrán información de sobra acerca del asunto.
Si a pesar de mi bienintencionado consejo aún siguierais ahí, supongo que
puede deberse a que tengáis cierta predilección por el mundo de la palabra
escrita, lo cual es una enfermedad que, aunque grave, se cura con la edad,
cuando perdemos agudeza visual y ya no podemos leer más cosas. Pues bien,
si todavía seguís leyendo, me temo que no me quedará más remedio que
recomendar algunas fuentes de información sobre China.
Se que sólo escribo preámbulos, es más, puede que toda mi
vida no sea más que un preámbulo aburrido y gastado que tiende a alargarse
demasiado, pero sería injusto que no lo dijera: no soy de nacionalidad
china, tampoco tengo ningún tipo de simpatía por ningún partido comunista
ni pertenezco a partido alguno. Como decía el enorme Ángel Ganivet, caso
de creer en algún sistema político, creo en la democracia, pero una
democracia en la que nadie votase, una democracia bien alejada de lo que se
estila ahora.
Hablando con el autor de Shanghai Express, salieron a relucir
ciertos temas sobre los que llevo bastante tiempo reflexionando, y hubo un
momento en el cual no me quedó más remedio que escupir el veneno, que si
uno deja el veneno en el interior del cuerpo por mucho tiempo es malo para
la digestión y el sueño, elementos ambos que por ser yo un buen glotón y
un dormilón del ala pues tengo en mucha estima. El tema era referente a los
lugares en los que uno podía encontrar información sobre China, tanto en
español, como en inglés u otros idiomas de compresión más o menos fácil
para nosotros. El tema, máxime que ahora China está de moda, es de un
interés creciente. O sea que en estas deshilvanadas líneas, despotricaré
un rato sobre esto.
La categoría de periodistas, informantes, espías y expertos
sobre China ha experimentado en los últimos tiempos un crecimiento
considerable. Desde unas líneas perdidas en Google que existían hace unos
cuatro o cinco años, hemos pasado a páginas, diarios, centros de estudio y
portales. Personalmente, he conocido a miembros de los cuatro colectivos,
siendo sin duda el más abundante el de expertos sobre China. Como con todos
las cosas, me gusta siempre diseccionar el objeto de estudio, manía de
origen científico y que lleva en no pocas ocasiones a la muerte del objeto,
pero que se aviene a mis fines a la perfección. Antes de dividir a los
sujetos, definamos unas condiciones de ambiente que son comunes a todos
ellos.
1) Ninguno de los grupos que analizo en este estudio habla chino, ni
mandarín, ni cantonés, ni ninguno de los muchos dialectos existentes en el
país. Como es posible que realicen sus funciones sin conocer el idioma del
país, es algo que escapa a mi comprensión. Yo al menos no he conocido a
ningún extranjero perteneciente a estos grupos cuyo nivel de chino fuese la
mitad de bueno que mi nivel de inglés (mi nivel de inglés llega como para
leer a Dickens y que me entere del 90% de lo que dice).
2) Sus conocimientos sobre la cultura, historia y costumbres chinas son
sumamente precarios. En buena parte se debe a la barrera idiomática, pues
son incapaces de leer en el idioma que les podría iluminar, y se ven
obligados a leer libros escritos por gente que no son china o traducciones
(que no hay demasiadas, y las que hay son malas). Se que en esto de las
traducciones, muchos no estarán de acuerdo, y dirán que hay infinidad de
traducciones de libros chinos. Yo no persigo convencer a nadie, como ya dije
al principio, el que quiera saber la verdad de las cosas que se aleje de mis
palabras. Entre los que conozco, son muy pocos los que medio entienden los
periódicos locales y medio ven la televisión china.
3) Todos ellos son expatriados, totalmente desconectados de la realidad
china y que son incapaces de integrarse en esta sociedad tan cerrada y tan
reacia a amistades reales de allende los mares. Todos, sin excepción, se
mueven por círculos extranjeros, sus mejores amigos son extranjeros y lo
que comen y beben, casi siempre, es comida y bebida para ¨guiris¨. He
conocido muy pocos de ellos que coman a diario comida china y que sólo
vayan a sitios en lo que no hay extranjeros. No he conocido a ninguno que
mantenga relaciones de amistad verdaderas con élites intelectuales del
país ni con chinos de a pie. En algunos casos mantienen relaciones de
seudo-amistad, normalmente basadas en el deseo de los chinos de obtener
alguna ventaja (ya sean ventajas morales, económicas u otras) derivadas del
trato con el guiri.
4) En su mayor parte, la imposibilidad de integración en la sociedad
china conduce a actitudes racistas y de desprecio de la gente local. De ahí
que se hable de ¨los chinos¨, esa forma de referirse a ellos, ya indica un
principio de racismo, de no igualdad. De ahí que yo prefiera usar ¨la
gente¨ o ¨los locales¨. Es inaudito para mí el ver como extranjeros que
llevan viviendo en China más de diez años y están casados con chinas
tratan a su mujer, la cual aman, de forma racista, ya sea consciente o
inconscientemente.
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