No existen, pero haberlas haylas
Las autoridades chinas insisten en resaltar que la República Popular de China no es sino el último estadio de una historia que se remonta a más de 5.000 años. Sin embargo, todavía susbsisten múltiples contradicciones entre un partido comunista y un Estado que son directos herederos de un pensamiento europeo y occidental (el marxismo-leninismo) y la tradición propiamente china.
Este artículo de Los Angeles Time (encontrado gracias a Political Theory Daily Review) pone al descubierto la existencia de esas contradicciones cuando informa de la polémica que ha levantado un curso para la enseñanza del feng shui organizado por el Ministerio de la Construcción chino y la universidad de Nanjing, si bien esta última, ante las críticas suscitadas, se ha retirado del proyecto.
La organización de dicho curso por un organismo oficial supone una ruptura con la doctrina comunista que, con Mao a la cabeza, ha considerado el feng shui como una práctica supersticiosa producto de un pasado feudal.
Todavía hoy un maestro de feng shui no puede obtener en China una licencia para ejercer su profesión y tampoco puede recurrir a la publicidad para ofrecer sus servicios legalmente.
No obstante, a pesar del recelo con el que es observado por la nomenklatura comunista, el feng shui ha experimentado un notable auge en los últimos tiempos debido al crecimiento explosivo de la construcción en todas las ciudades de la China continental y a la llegada de chinos expatriados que no han sido adoctrinados en las teorías del marxismo leninismo.
El artículo antes citado refiere varios casos en los que promotores inmobiliarios o directores de empresas han recurrido a las enseñanzas de maestros de feng shui para evitar que sus edificios pudieran verse afectados por “energías” no deseables.
Como dijo al reportero uno de los empresarios entrevistados: él no cree en el feng shui, pero siguió las recomendaciones de un maestro en esta “filosofía” porque no estaba dispuesto a correr el riesgo de comprobar que estaba equivocado. Y es que, como dicen los gallegos de las brujas, existir no existen, pero haberlas haylas.
