Resentimiento criminal
Acabo de leer la noticia de que el pasado día 8, en la ciudad de Fuzhou, capital de la provincia de Fujian, un campesino hizo estallar una bomba de fabricación casera en un autobús. La explosión causó su muerte e hirió gravemente a otros 31 ocupantes del autobús.
El autor del crimen, Huang Maojin, tenía 42 años de edad y padecía un cáncer terminal de pulmón. Según la publicación digital China Daily, en una nota manuscrita, el suicida manifestaba su resentimiento por haber sido injustamente encarcelado durante un año, encarcelamiento al que Huang atribuía el progreso de su enfermedad y la ruina de su familia.
Fotografías del estado en que quedó el autobús después de la explosión y de las víctimas pueden verse aquí, si bien tengo que advertir, como hace el autor del blog EastWestSouthNorth en el que aparecen publicadas, que, algunas, por su contenido explícito, son difícilmente soportables.
Lo que más me ha sorprendido de los relatos sobre este crimen es que no constituye un hecho novedoso dentro de la crónica negra china. Según la nota publicada por la agencia AFP, más de un millar de acciones de este tipo, ejecutadas por personas que se consideraban maltratadas por la sociedad o el gobierno, se registraron el pasado año en China. Sólo en enero de este año, la explosión de otra bomba casera en un autobús causó la muerte de 11 personas en la región noroccidental de Xinjiang.
